Flag of Sweden Flag of Spain Flag of Germany Flag of Great Britain

 

La historia de Abigail

Cuando en diciembre de 2009 la mamá de Abigail fue a hacerse la ecografía de mitad de embarazo (en la semana 20), esta mostró que Abigail era extremadamente pequeña y que no estaba creciendo en el útero. Además, su mamá tenía la presión sanguínea alta. La trasladaron en ambulancia al UCLH (University College London Hospital) para que la vieran los médicos de la Unidad de Medicina Fetal. Tras una ecografía detallada de Abigail, le diagnosticaron retraso del crecimiento intrauterino grave de aparición precoz. A Abigail no le llegaban suficientes nutrientes ni oxígeno a través de la placenta, por lo que su crecimiento no era el esperado.

Los médicos explicaron que tanto Abigail como su mamá necesitarían revisiones regulares. También dijeron que no había ningún tratamiento disponible para mejorar el crecimiento de Abigail. A pesar de que se esforzaba por crecer, seguía siendo demasiado pequeña y prematura para sobrevivir fuera del útero. El objetivo era que Abigail creciera dentro del útero al menos otras 6 u 8 semanas. Se esperaba que para entonces pesara 600 g o más. Con ese peso y edad, había cierta esperanza en que sobreviviese.

La mamá de Abigail asistía a la Unidad de Medicina Fetal del UCLH cada 1 o 2 semanas, y se sometía a ecografías y chequeos regulares. Abigail continuó creciendo muy lentamente; cada vez menos entre cada ecografía. El 21 de febrero de 2009, cuando la mamá de Abigail había cumplido exactamente 28 semanas de embarazo, acudió a una de sus citas habituales al UCLH. La ecografía mostró que, en el útero, Abigail estaba sufriendo estrés, por lo que necesitaba nacer urgentemente. De lo contrario, sufriría daños permanentes.

Cuando a la mamá de Abigail le hicieron una cardiotocografía, el monitor con los latidos del feto mostró que no había estrés y esa misma tarde Abigail nació por cesárea urgente. Solo pesaba 665 g, y el peso medio de un bebé a las 28 semanas de embarazo es de unos 1100 g. Trasladaron inmediatamente a Abigail a la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del UCLH. Necesitaba un tubo que la ayudaba a respirar, goteros para administrarle líquidos, medicación y una incubadora para mantener la temperatura corporal adecuada.

Como era tan pequeña y prematura, Abigail se enfrentaba a numerosos desafíos. Sus pulmones no estaban tan desarrollados como los de un bebé nacido a término o incluso los de un bebé prematuro de 28 semanas con un crecimiento normal, de modo que debía seguir luchando para respirar. Esta situación se hizo aún más complicada porque también se le detectó una afección llamada conducto arterioso persistente (CAP). El conducto arterioso es un vaso sanguíneo que permite que la mayor parte de la sangre circule alrededor de los pulmones mientras el bebé está en el útero, porque el oxígeno no procede de los pulmones, sino del cordón umbilical. Normalmente, cuando un bebé nace y empieza a respirar, este vaso se cierra, en parte porque los niveles de oxígeno que llegan a sus pulmones son más altos.

Los bebés prematuros con CAP, como Abigail, se encuentran en un círculo vicioso. Al tener problemas para respirar, sus niveles de oxígeno son bajos, lo que significa que el conducto no se cierra, por lo que la sangre rodea el pulmón y llega aún menos oxígeno a la sangre. Esto significa que tienen que esforzarse mucho más para respirar. Dado que Abigail era tan pequeña, tenía muy pocos almacenes de grasa y azúcares que le proporcionasen la energía necesaria para ocuparse del CAP.

Aun así, Abigail salió adelante. Necesitó una reanimación de emergencia cuando tenía una semana de vida y otra con cuatro meses y medio. Fueron momentos muy difíciles para ella y su familia. Cuando tenía tres meses tuvo que ir al hospital Great Ormond Street para operarse de una hernia, otra complicación por su nacimiento prematuro. Con todo, continuó creciendo y desarrollándose, y cuando cumplió 10 meses ya se alimentaba de un biberón y su familia estaba haciendo planes para llevársela a casa.

Como seguía teniendo problemas para respirar, Abigail volvió al Great Ormond Street para que le hiciesen una traqueostomía: se le insertó un tubo en la tráquea para ayudarla a respirar mejor. Tras regresar a su hospital local su salud empeor√≥ y le subió la fiebre. Los médicos le administraron antibióticos, pero su estado se deterioró y comenzó a tener convulsiones. Esta vez, los médicos no pudieron reanimarla y Abigail murió con solo 10 meses y medio.

La familia de Abigail siempre la echará de menos y la recordará. Su lucha y la de muchos otros bebés han servido de inspiración al proyecto EVERREST.